martes, 29 de diciembre de 2009

Mi 2009

Me están resultando muy curiosas las prioridades humanas en los balances anuales. He leído en blogs y similares cada cosa que no puedo creer, mil formas de encararlo, de sentirlo, de vivirlo, algunas muy interesantes y positivas, otras muy grises, y otras tan tontas que me da cosita.

¡Y acá voy yo!
(Al leer ésto usted se somete y expone a leer cosas que pueden gustarle, causarle rechazo, no importarle, no generarle nada, hasta herirlo. Está advertido, después no diga que no le avisé)

Comencé el año a las patadas con mi ex, pero igual nos fuimos de vacaciones. La pasé hermoso, hasta que el hechizo se rompió, por no decir que fue un esguince en mi pie. Abortamos la luna de miel para volver a la gran ciudad. Yo estuve muy triste pero seguimos adelante.
Continué yendo a la fonoaudióloga, también a clases de canto.
Por primera vez logré hacer un segundo año de teatro en una misma escuela. Encontré mi lugar, y estoy muy contenta ahí, con el método, con mi profe Lorena, con la gente.
Logré ir a contact impro dos veces por semana, mi cuerpo estaba despierto como pocas veces en mi vida.
Comencé terapia con Gretel, una ídola que me ayudó y me ayuda mucho a descubrir cosas de mi persona que sin esa mirada no puedo ver. De una vez por semana pasé a ir dos, y así estoy, analizándome mucho.
Mi cumpleaños fue muy divertido, alocado (y gracias Peter por poner tu casa, a cuestas de saber los resultados que eso traía), y por sobretodo, mi cumpleaños fue delatador. Pude contarle a mis amigos algo que hacía tiempo que venía generándome incomodidad que no lo sepan. Y el simple hecho de que ellos se enteren fue suficiente para aclarar mentalmente qué es lo que me sucede (perdón tanto misterio, pero no quiero hacerlo público porque no sé quién puede llegar a leerme).
Me puse aparatos en los dientes inferiores.
¡Bajé un montón de peso!
Me gané una nueva amiga, la Colo.
Fui la peor asistente de fotografía. Pero intenté ser buena novia.
Me crucé con dos ojos turquesas que me robaron la atención en mis clases de teatro, pero así logré separarme de mi ex novio, nos estaba costando horrores y la presencia de esos ojos lo hicieron posible.
Recuperé amistades que habían quedado un poco en el olvido. También volvió a tomar forma mi grupo de amigos del secundario.
Recuperé un poco mi vida social. Fui a muchas fiestas teatrales hasta que me cansaron -y justo se terminaron-. Fumé porro más que nunca.
Volví a sentir mi energía de vida, mis tiempos y mis maneras. Y también sentí que me falta mucho por recorrer para llegar más a ser yo.
Reviví mi sexualidad con mucha alegría.
Vendí alfajorcitos en Parque Centenario. Hice collares de papel -que planeo vender-.
Lloré semanas seguidas. Aprendí a pedir un hombro cuando lo necesité.
Hablé y especulé demasiado de hombres con la Colo (esa amiga que me llevo de este año).
Disfruté los desayunos, las meriendas. Caminé bajo la lluvia. Me resigné a canto. Perdí contact impro en la separación de bienes, y con eso parte de la agilidad corporal que tenía. Hice un seminario de clown, música, impro y contact impro, que me resultó muy fructífero.
No me enfermé. Empeoró mi vitiligo y luego mejoró.
Volví al chico figurita repetida clásica. Y me desinteresé como nunca por él.
Dibujé mi pared. Me pinté las uñas de azul, de verde (mejor dicho, hice lo que quise). Me corté el pelo bien corto.
Escribí mucho en mi blog.
Volví a sentir celos -esto es algo lindo-.
Sentí miedo ante una cita. Me olvidé de algún que otro compromiso. Empecé natación y duré una semana.
Me divertí, me reí. Lloré por mi idiotez, por mi fragilidad.
Me declaré frente a un lago artificial. Rompí mi palabra. Disfracé la realidad.
Endulcé oídos. dejé que endulcen los míos. Me entregué.
Así como yo me separé, mi madre también. Y lamenté mucho perder a Guille, que era como un padre para mí.
Recordé por qué y qué me gusta del teatro. Registré el placer de actuar, que lo siento hasta en un casting. Vi muchas obras. Leí buenos libros.
Me emocioné viendo fotos de gente que festeja Navidad entre amigos sin familia. Fui al cine.
Vi poco a mi viejo, pero no me peleé tanto como antes.
Tiré huevos y harina a mis compañeros de la vida cuando se recibieron. Y me ensucié con ellos.
Bailé, me emborraché. Lloré borracha por amor al escuchar un reggeaton.
Tuve un post-sexo de película, y lo dije.
Jugué. Enloquecí. Me fui de mi cabales. Volví a mí.
Mis padres comenzaron a verse en función de amigos. Y tuve que aceptarlo.
Lo único laboral que hice fue vender alfajorcitos en el Parque y trabajar un día de vendedora. Me lo reproché muchísimo todo el año.
Sentí que la cabeza no me daba. Me sentí perdidísima, con miedo. Recuperé kilos.
Tuve vergüenza por sentirme inactiva. Luché contra ello y no siempre logré vencerlo.
Bajé mi nivel de exigencia.

Viví alegría, tristeza, cariño, enamoramiento, ira, deseo, celos, rechazo, dolor, amor. Y muchas emociones más. Esas que te hacen sentir vivo.


Lo más lindo es que las pilas para el 2010 están cargadas, que tengo proyectos que me entusiasman y que voy a empezarlo con todo.

2009, te guardo en el baulito de recuerdos, aunque este balance lo sienta tan incompleto y no sepa muy bien con qué completarlo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Una pavadita

La misma amiga que hace unos días me dijo que yo entro en la categoría de los amigos que no se eligen, que vienen en el combo de la vida (con todo lo malo que eso implica!) ayer charlando me dijo:

'Yo a vos te digo algo y me doy cuenta que estás atenta, escuchándome, prestándome atención'.

No es la gran cosa. Pero fue lindo oir eso. Una pavadita que en tiempos tan especiales hace bien escuchar.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Hasta que el sexo nos separe

Físicamente el sexo logra por unos minutos, unos días, unos meses unir a las personas. El sexo une gente que se quiere, que se ama, que se calienta, gente que mucho no se soporta, hasta gente que se detesta.
Así como el sexo nos da algo -placer-, nos hace perder otro algo. Me pasó de conocer a alguien, tener encuentros sexuales o historias amorosas, y luego lamentarme porque no podía lograr tener una amistad con él debido a que el vínculo era sexual y eso lo había emputecido. Mientras tanto, envidiaba a quienes nos rodeaban por poder tener con esa persona un vínculo más ameno, sin tanta histeria ni pavada sexual.
Recuerdo estar hablando con un ex-chongo con el que nunca logré tener una relación sana donde él me decía que nosotros podríamos ser grandes amigos, pero que a su vez era imposible. Y sí, el sexo arruinó una posible amistad. O no, tal vez ni siquiera hubiéramos interactuado sin el deseo físico que nos unió.
Otro caso que me lleva a preguntarme qué hubiera pasado sí..., fue una persona con quién tenía muchísima química como amigos, pero un día ebrios nos dimos un beso. A partir de ese momento no lo ví más. Perdí un potencial amigo por un tonto beso. O no. Quizá en ese caso era una atracción intelectual que encubría la sexual, y una vez que se llevó acabo el encuentro íntimo, la atracción intelectual se desvaneció. Porque ¿cuántas veces ha pasado que, con alguien con quien uno habla mucho, después de coger no encuentra qué decirle?

El sexo termina quitándote algo, hay un interés que desaparece. Una vez que pasó el encuentro sexual, algo se pierde, decanta, se esfuma. Una magia, una energía que atraía a dos cuerpos muere.
A veces pienso en que me hubiera gustado que algún compañero de cama sea un amigo, pero no se dio. Tal vez sea porque la amistad perdura en el tiempo, el amor/sexo no. Tal vez sea porque simplemente no fluyó generar un vínculo no sexual, tal vez sea que nos encasillamos como amantes, y no pudimos corrernos de ese lugar. Tal vez sea que estabamos destinados a tener relaciones sexuales y nada más.
Pero no puedo dejar de pensar en que el sexo nos une tanto que nos termina separando.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Amigos son los amigos

Me subí al auto, respiré profundo. Acababa de cerrar de modo abrupto mi año teatral, sin tanto adiós. No dije mucho más que quería pizza pero no podía pensar a dónde ir. Tenía una mezcla de cansancio físico e intelectual que no me dejaba resolver ni una comida.
Mis amigas me dijeron que vayamos a dormir todas juntas a la casa de una de ellas. Vacilé, les dije que no, pero de pronto sentí que habiéndome pasado tantas cosas en las últimas 30 horas, me haría muy bien poder contar con sus oídos.

Así fue, en la cama matrimonial, yo en el medio de las dos, anticipándoles que sería larguísimo, empecé mi discurso. Pocos minutos después noté cómo ellas dejaban de responder y no prestaban atención a mi decir. Se estaban quedando dormidas, y yo ahí, cargada de palabras atravesadas deseosas de salir al exterior, pidiendo ser escupidas.

¡Yo necesitaba expresarme y mis amigas se durmieron, sí! No me quedó otra que cerrar los ojos, relajarme y dormir.

Es que la verdadera amistad es eso, necesitar expresarte, que tus amigas que están ahí para escucharte se queden dormidas y vos no te enojes. Así de simple, así de cruel, así de lindo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un beso en la frente para mí

Me duele mucho la cabeza. Creo que me va a estallar.


Mentira.
No es la cabeza, es el alma.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Hoy ficción: Contra-dicción

Manuel me dijo que estaba en la plaza de enfrente, y me pidió por favor que no vaya. En serio me lo dijo. No vengas. Porque yo... ¿qué iba a hacer?, preguntarle quéhacéstodobien, esperando que me conteste algo grandioso. Y no, no tiene nada de grandioso para decirme, él nunca me dice cosas interesantes. Conmigo él no puede. ¿Si me doy cuenta de cómo él guarda silencio cuando estoy presente? Claro que sí, ¿Si tengo noción de que no es así con el resto de la humanidad? Por supuesto, y eso es lo que más me incomoda. Pero no voy a preguntarle porque calla, sé que no va a andar haciéndose el pobrecito, la víctima, ni el infeliz delante mío, ya sé, ya sé eso. No me va a explicar su silencio. Ni dónde está su mente cuando está arriba mío. No lo voy a intentar. No lo voy a hacer. No voy a cruzar la calle, porque no me va a decir nada, y cuando él intente mentirme sobre qué hace ahí, con ese discurso que ya tiene pensado de antemano, no va a poder y va a haberme ya dicho que nada, que no está haciendo nada ni tiene nada para hacer. Y como siempre, va a sentir que eso es él. Nada, la nada misma. Una nada que es mía, mi nada. Una nada que no habla, no hace, no piensa, y que hasta dejó de gozar. Todo porque él se siente así. La nada.

Yo me pregunto, ¿si se siente de ese modo y realmente no quiere que vaya, para qué me dice que está ahí, en la plaza?

martes, 8 de diciembre de 2009

Jugando con fuego

En una tarde en que brillaba el sol, en plena época de frutillas, sentí cómo me caían mil fichas sobre todo lo que sentía por él. Acababa de entender por qué no me cansaba de su piel. El fuera de juego era evidente decía Calamaro y todos los que atestiguaban nuestro vínculo. Yo, con aires de superada, no había caído en la cuenta, no quería reconocer lo que él provocaba en mí.
Saber que ese viernes tendría una cita romántica con quien podría ser su futura novia, hizo que entendiera que mi corazón era suyo, y que no había vuelta atrás. Saber que lo perdía hacía que viera con claridad cuánto lo necesitaba entre mis brazos. Necesitaba tener un límite para tomar conciencia de mis sentimientos.
Ese miércoles soleado sentí que no lo vería nunca más, así que entre lágrimas de desperación e intentos de estudio, decidí verlo para confesarle todo lo que me generaba.
El viernes ,-el de su cita romántica-, fui a su casa a decirle del modo menos espontáneo existente, con cada una de las palabras pensadas y repensadas, lo que sentía. Aún hoy recuerdo esas palabras de forma textual, tenían un dejo de falta de compromiso con lo que decía, para protegerme.
Mientras él lavaba los platos, yo arranqué mi discurso. Él me miró con simpatía, me felicitó por mi valentía, intentamos charlar un rato más, pero no pudimos. Me fui, con el corazón destrozado, creyendo que nunca más sabría de él.

Si no hubiera estado la presencia de una futura chica, yo no sé hasta dónde hubieran seguido dando vueltas mis sentimientos como electrones que van y vienen hacia el núcleo de la célula.
A veces, uno necesita un límite que te sacuda.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Adiós 2009

¡No! ¡aguantá!
Todavía no hagas ningún balance del año, que si lo hacés va a perder sentido, porque sí y sólo sí ya lo hiciste, diciembre se va a encargar de darle un giro de 180° a este año que pasó.
Es ley.

Me despido dejando en el tintero todo lo que este año me dio, y expectante de que diciembre me sorprenda un poquito, porque él es así, perverso.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Leí por ahí

'Los libros tienen orgullo, si los prestás no vuelven'
Librería de Cabildo y Roosevelt.