lunes, 30 de marzo de 2009

¿Hasta dónde te corto?

Las peluquerías no suelen ser un lugar visite muuuy seguido. De chica más de una vez me pasó que no quieran atenderme porque tenía piojos. Tal vez ahí nació mi trauma.
La cuestión es que odio la situación: peluqueros que me saludan con un beso, que me hablan, que me obligan a contarle de mi vida, que al decir la palabrita mágica -teatro- me contestan '¿y cuándo te voy a ver en la tele?'.
Me molesta tener que charlar con alguien a quien no le intereso ni me interesa. Me hace sentir que soy sapo de otro pozo, medio tímida, hasta tal vez me ponga colorada. Más simple, me siento una pelotuda. Y recién cuando mi pelo pide a gritos auxilio, hago una visita a algún peluquero que no me arranque la cabeza con el precio ni con la tijera.

Mi última visita fue:
Entro a la peluquería, pregunto el precio, acepto.
El cortador de pelo me pregunta dónde me había cortado la última vez, no termino de decirle que en la peluquería de al lado, que empieza a bardearla. Punto en contra.
El proceso charla empieza de modo clásico. Me pregunta si vivo por la zona, le respondo que quien vive cerca es mi novio. En el transcurso del proceso noto un par de cosas atípicas. Me saca un pelito de la cara, me dice que le gusta mi collar, que tengo lindos ojos, y me vuelve a sacar pelitos del hombro.

Son las 20hs, ya cierran la persiana y él sigue preguntándome si me gusta el peinado que me hizo, que sino me lo acomoda. Yo pienso que seguramente la cara me delata. Logro que el muchacho suelte mi cabeza, pago -gracias a Zeus no me cobran peinado después de todo lo que me hizo- y me voy.

Salgo a la calle, camino media cuadra para el lado incorrecto. Me avivo, y voy hacia la parada del bondi. Apenas me instalo aparece el peluquero:
Yo (ohhh , ¿no vivía para el otro lado? qué casualidad!): Hola!
Pelu (haciendo el gesto de rogar-rezar): ¿Puedo hablar un segundo con vos?
Yo (y éste?): Sí, dale.
Pelu: Me mareaste flaca.
Yo (me mareaste? qué es ese léxico?): Ya sabía.
Pelu: ¿En serio?
¿Y te puedo pedir tu teléfono?
Yo: No.
Pelu: Daaale... ¿por qué no?
Yo: Te dije que tengo novio.
Pelu: ¿Hace cuánto?
Yo: (ah, insistente el chico) Año y medio.
Pelu: Uhhh, bueno... Me rompiste el corazón.
Espero verte.
Acto seguido, me da un beso en el cachete, media vuelta y se va caminando... para el mismo lado del que vino! Sí, pareciera que me siguió el muchacho.
Lo malo es que el corte no me quedó taaaaan mal. Pero no da volver. No, definitivamente. El me cortó bien el pelo, pero yo le corté bien el rostro.
Y es así, como sucede que una vez más, la peluquería tuvo un cliente que pasó a convirtirse en un cliente menos.
Y es así, como sucede que una vez más, yo gané una anécdota de chamuyo desubicado.

Una buena (pero materialista)

Hace ya unos cuántos meses noté que el balance de grises de mi monitor de tubo de 17' estaba dejando mucho que desear.

Hoy cuando salía de mi casa con Sr. Novio P vimos monitores ViewSonic de 15' y 19' respectivamente bajo un árbol. Dudamos un rato. Era bastante esperable que si los tiraron fue porque no andaban. Miramos con cariño, y rápidamente Sr Novio P subió el de 19' a mi casa, sabiendo que posiblemente lo tirásemos mañana, como ha sucedido con tantas otras cosas.

¿Saben dónde está el monitor en este momento? Frente a mis ojos! No voy a mentirles, cada tanto la imagen se vuelve un poquito loca, pero al menos tiene buenos colores. Igual, vendelo o regalalo, man, no lo tires!
Un día va a morir, vamos a ponerlo en la vereda, el vecino lo va a ver sin saber que esa pantalla es aquella frente a la que pasó horas, se desveló, tomó un café, estuvo dormido, sonrió, puteó a Faivertel, lloró, esperó ansioso una respuesta, comió, se registró en Feibuc (?), se masturbó, se enamoró, odió, etc, etc.

¿Qué cosas valiosas encontraron uds en la calle? ¿les gusta el pordioserismo? Yo no soy de andar observando la basura, pero si veo algo lo agarro. Hace poco encontré dos libros.
Yo tengo un amigo que todo el tiempo va mirando la basura, al punto de que no podés mantener una conversación porque él se frena a mirar qué hay en las raíces -por no decir los pies- de los árboles.

lunes, 23 de marzo de 2009

No me des un beso, por favor.

Voy a hacer una campaña para terminar con la farsa de saludarse dándose un beso.

¡Basta de falsas formalidades! Demosle un beso a quien querramos y nada más.

Que tanto beso ni beso con alguien que ni sé el nombre, jatejodé'!


(A veces siento que estoy perdiendo mi simpatía.)