martes, 20 de marzo de 2007

Por centenares sucumbían los enfermos; sin médico en su dolencia, sin sacerdote en su agonía, sin plegaria en su feretro; tal era el pánico reinante que un escribano cobró fama y dinero comprometiéndose públicamente a realizar esta hazaña cojomacabra: redactar testamentos de 'febrifugos'.

1 comentario:

anshiii dijo...

estas completamente loca
an