viernes, 26 de enero de 2007

Un enero con aires sucios.

La energía que trae el calor, el principio de año, el mes de enero se transforma en algo completamente caótico. Esa inmensa alegría que alguien trajo desaparece de un día para el otro, y es sucedida por distintos episodios que hacen que todo parezca peor.
Y va más allá de mis propios actos. Esas situaciones imprevistas aparecen sin ningún motivo... por el simple hecho de vivir la vida.
Es una bola de nieve, no, de arena, que crece continuamente, cada minuto, cada hora, cada día se ve ampliado. Sí, justamente, cada instante que pasa suma un granito más.
No va a pasar más nada, ya es suficiente. No! sí que pasará algo más, porque todo sale al revés, las cosas fluyen como no deberían, todo es malo, si fuese bueno directamente no existiría, no lo notaría, pero está.


Si no hay conflictos amistosos, pocas veces se pienso en lo afortunada que soy por eso. Si los hay, me resulta increíble... Pero en cierto punto -cercano- es pasajero. Y sé que quizá ayudará a definir relaciones, que a la larga será para bien.
Creo que esa pelea ya es bastante, que más nada va a pasarme, pero no. Esa misma noche conozco una realidad que no quería saber, pero que me aclara el por qué de esas actitudes ajenas que me tenían desorientada. Y creo que eso es ya demasiado para un solo enero.
Pero no,
me roban, me invaden, violan mi privacidad, me dejan expuesta. No sé cómo reaccionar, quiero huir. Y lo hago... pero no sé a dónde estoy huyendo, o si realmente lo estoy haciendo. Busco refugio en quién puedo, y no me queda otra opción que perdonar lo que no debería.
Y los minúsculos sucesos negativos siguen dándose, apareciendo sin pedir permiso, porque claro, estoy en un período de mala suerte, una mala suerte que si no se hubiese acumulado, no afectaría del modo que lo hace.


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