miércoles, 30 de agosto de 2006

Pasa un micro escolar, un taxi, dos taxis, cuarenta taxis, caminan acelerados hombres trajeados, mujeres de punta en blanco, jóvenes que aun no dejaron su cama ni sus libros. A un costado se ve un paralítico que vende cartones de lotería, siempre está presente el ¿africano? que vende anillos brillantes. También está el puesto de garrapiñadas, con su aroma característico. Que compro celulares, que vendo celulares. El kiosco cada día más grande. Una cola inmensa en el Pago Fácil.
Y el diariero, sin embargo, cada vez que paso, me saluda.

Los Incas ya no es lo que era, ya no es lo que era.

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